El número Escudo#

Un número de teléfono español corriente, del pueblo. Cada aparato y cada teléfono dado de alta lo lleva guardado, y el bot es quien lo atiende.

Llamarlo es gratis. La llamada no se coge nunca, y una llamada que no se coge no se le cobra a nadie: ni al pueblo, ni a quien llama. No hay saldo que gastar ni factura que temer, y eso importa más de lo que parece: un aparato que cuesta dinero usar es un aparato que la gente se piensa antes de tocar, y esa duda es precisamente lo que Escudo intenta quitar de en medio.

Sólo los números dados de alta avisan al pueblo. Cualquier otro va al coordinador, nunca al grupo — si no, la alarma sería de quien acertase el número. Tampoco se ignora: un número que no reconocemos suele ser un aparato que alguien instaló y nunca terminó de configurar.

El número le cuesta al pueblo alrededor de un euro al mes, y es el único gasto corriente de todo el sistema. Conseguirlo en España es cuestión de papeleo, no de dinero: la normativa de numeración exige un CIF o NIF y una dirección en el pueblo, y es la pieza que falta en Bercianos.

Qué pasa exactamente, por orden#

Se pulsa un colgante. Éstos son todos los saltos, y son menos de los que la gente se imagina:

sequenceDiagram
  autonumber
  participant D as 🔘 Colgante<br/>(con su SIM)
  participant T as Twilio<br/>(número +34)
  participant S as Servidor Escudo
  participant G as 👥 Grupo del pueblo
  participant N as 🏃 Vecinos

  D->>T: llama al número Escudo
  T->>S: POST /bridge/voice — firmado
  S-->>T: Reject — no se coge nunca
  Note over D,T: La llamada se suelta antes de establecerse.<br/>No se le cobra a nadie.<br/>Quien llama la oye dar tono.
  S->>S: ¿número registrado? → casa + dirección
  S->>G: 🚨 EMERGENCIA · Casa de María<br/>📍 Calle Real 14
  G->>N: todos los móviles del pueblo
  D->>N: luego llama a 2–3 vecinos, manos libres
  N->>G: «voy»

El SMS, cuando el aparato manda uno, recorre el mismo camino hasta /bridge/sms un segundo o dos después. No da una segunda alarma —el servidor lo une a la que ya dio la llamada— pero si trae una posición, aparece un punto en el mapa debajo del aviso.

Dos segundos de punta a punta, y lo lento son la red móvil y Telegram, que no dependen de nosotros.

Una llamada perdida es una alarma#

Una llamada desde un número dado de alta se trata exactamente igual que un mensaje, y no se coge nunca.

Mandar un SMS son seis movimientos finos: buscar el teléfono, desbloquearlo, abrir los mensajes, encontrar el contacto, escribir, enviar. Cada uno es una ocasión de fallar a las cuatro de la mañana. Llamar es uno, y en un móvil de teclas es una tecla de marcación rápida apretada con el pulgar.

Que no se coja significa que dar el aviso no cuesta nada: ni saldo, ni una conversación que empezar, ni nada que explicar. Llamar y colgar, y el pueblo ya se está moviendo.

Una llamada y un SMS hacen cosas distintas#

Un aparato de esta clase hace las dos a la vez, a los mismos números guardados. Escudo lo aprovecha a propósito:

  • El SMS va al número Escudo. Incondicional, instantáneo y le da igual si hay alguien despierto. Levanta a todo el pueblo.
  • Las llamadas van a los vecinos. Alguien las coge y —como estos aparatos son manos libres a varios metros— habla con la persona mientras sigue en el suelo.

Esa llamada es el acuse de recibo, y es mejor que el que pueda dar ningún aparato. Un pitido te dice que la caja funcionó. La voz de un vecino te dice que alguien viene, y saca las dos cosas que deciden lo que pasa después: qué ha ocurrido, y si hay que llamar al 112 ya.

Dos canales, dos formas de fallar, sin solaparse.

Una pulsación, sin categoría#

Un aviso dado así lleva quién y dónde, no de qué tipo. Llega como emergencia general, y la respuesta sale de la llamada de teléfono y del vecino en la puerta, no de un menú que nadie puede manejar boca abajo sobre las baldosas.

El dónde importa, porque una caja en la pared de la cocina no tiene GPS. Por eso el registro guarda la dirección: es la carga útil, no papeleo. Deja constancia de que un número pertenece a una casa. No deja constancia de nada sobre la salud de nadie, y no hay ninguna casilla donde pudiera escribirse.

Nunca adivinar#

La regla dentro del programa es tosca a propósito: cualquier contacto desde un número dado de alta es una alarma. No un mensaje que parezca una alarma: cada aparato lo dice de una manera y el firmware cambia sin avisar, así que un colgante que empiece a mandar SOS ALM 01 en vez de EMERGENCIA no puede quedarse mudo.

El texto sólo se lee para añadir detalle: una posición dentro del mensaje se convierte en un punto en el mapa debajo del aviso. Nunca se lee para decidir si se da el aviso o no.

Hay exactamente una excepción, porque escuece. Varios aparatos mandan un SMS de batería baja, y bajo la regla tosca eso es una sirena en todo el pueblo a las tres de la mañana — que es como se enseña a la gente a silenciar el grupo, lo peor que puede pasar en todo el sistema. Ésos van al coordinador. Cualquier cosa que no reconozcamos sigue dando la alarma.

Qué no resuelve esta capa#

Dicho claro, porque el resto del diseño está montado alrededor de ello:

  • Un aparato de tienda no cuenta nada de sí mismo. Ni nivel de batería, ni señal de vida, ni forma de ver que dejó de funcionar hace tres meses. La única prueba de que sigue funcionando es una prueba programada, y por eso la rutina la lleva el bot y no una persona.
  • Una base enchufada necesita la corriente. Su batería interna aguanta horas, no días. Un teléfono en el bolsillo no se ve afectado.
  • Un móvil de prepago sin saldo no puede llamar al número Escudo. Una llamada perdida no cuesta nada una vez que entra, pero un teléfono sin saldo no llega a hacerla. Sí puede llamar al 112, sin saldo y hasta sin SIM — por eso los números de emergencia siguen apareciendo en cada aviso que manda Escudo.
  • Una SIM de prepago caduca en silencio. El prepago español muere a los cuatro o nueve meses sin recarga, y nada lo anuncia. De quién es la SIM y cuándo se recargó por última vez es cosa del coordinador, no de la familia.